¿El verbo lo significa todo o el verbo no sirve para nada?

Hace un tiempo, y a raíz de un interesante ejercicio mental, se viene dando la discusión sobre la importancia de usar (o dejar de hacerlo) cierta categoría verbal al hablar.

Este simple ejercicio mental suscita la discusión natural: ¿se puede dejar de ser?

La verdad, en mi opinión, la discusión es sino absurda, inútil. Define ser… ¡No! Espera. Define verbo. Es más, Define hablar o expresarse o pronunciar.

Si te das cuenta, no hay nada filosófico en el asunto. No pasa de un juego creativo que requerirá un esfuerzo mayor o menor para decir la misma cosa de otra manera, que por suerte para los que hablamos español, contamos con una riqueza vocal invaluable.

De la misma manera que puedo dejar de usar el verbo “ser” por considerar que de esa forma se enriquece la escritura y se llega a un mejor entendimiento del lenguaje, digamos, incluye al sujeto en el asunto - ver e-prime - también podría dejar de hablar en positivo y en lugar de decir “Espero te encuentres bien” usar la expresión, " No espero que te encuentres mal" o mejor aún, “No espero que el estado en que te encuentras no sea sino bueno”.

Como quepa a cada quien, cualquier ejercicio mental pasa de ser un simple divertimento. Encontrar lo filosófico en la cabeza de un fósforo o en la curva de un alambre al menos parece una tarea inútil.

¿Qué dicen?

Aquí no se cuestiona absolutamente ninguna razón, aquí lo que procede es hacer lo que hacen en gringolandia y muchos países con el tema de democracia, o sea dar la razón al sin razón, porque claro democrática*“mente”* está o queda representado y no podemos ofenderle nada, ¡hay que darle razón, coño!

Por eso sucede lo que sucede, que jugando primero con las palabras nos quedamos tan complacidos que no atendemos de razones necesarias ni mucho menos innecesarias para el día de cada día.

Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás.
René Descartes - Filósofo, científico y matemático francés.

Primero que nada me declaro culpable de haber iniciado esa discusión. El ejercicio como dices resulta interesante y anteriormente he hecho ejercicios similares (una vez evitando la primera persona y otra usar bien/mal y cualquier derivado de esas palabras). Viéndolo como ejercicio mental trae dos grandes ventajas en mi opinión: la primera que motiva a pensar de forma diferente, muchas veces creativa para expresarse cuando se tiene cierta restricción, la segunda que requiere mantener la atención en el proceso de formulación de ideas en el “dialogo interno” y también en la comunicación con otros.

Sin embargo en este caso en específico creo que si pueden aparecer motivos suficientes para no sólo verlo como un ejercicio temporal sino adoptarlo como una nueva forma de usar el lenguaje. En otras ocasiones he dado algunos argumentos pero ahora quiero plantearlo de otra manera. No sé si otra persona lo haya planteado de esta forma antes, pero no me parece imposible puesto que en varias fuentes he visto a otros llegar a similares conclusiones aunque a veces sin llevarlo a las últimas consecuencias.

Iniciaré con el cuestionamiento más antiguo que conozco sobre el “ser” y de ahí partiré a analizar su desarrollo. Como bien se sabe, Heráclito planteó que ninguna persona puede entrar al mismo río en dos ocasiones, pues la persona ya no “es” la misma persona ni tampoco el río “es” el mismo río. Lo cual se muestra perfectamente razonable y a la vez parece tan contradictorio. No se pone en duda la EXISTENCIA (en mayúsculas pues lo considero importante y lo retomaré más adelante) de la persona y del río, sino como podemos hablar de personas y ríos, o cualquier otra cosa, que “son” y sin embargo no “son” las mismas tan sólo tras un pequeño cambio, y viendo el cambio como algo que se da de forma constante (esto significa más bien iterativamente).

Los griegos respondieron a esta cuestión de esta manera: Logos, un concepto ya conocido desde Heráclito pero desarrollado aún más por Platón. De ahí surgen las famosas Ideas que distinguen a la filosofía platónica, se responde separando éstas y poniéndolas por encima de las cosas tal cual las percibimos, de los fenómenos en sí. Por eso las Ideas “son”, se mantienen inmutables, a pesar del cambio que se de en lo que percibimos y experimentamos, lo cual queda rebajado a una copia corrupta de las Ideas perfectas. Aristóteles prosiguió con esa exposición cambiándola, para hablar de ESENCIAS igual inmutables, lo que hace a las cosas “ser lo que son” y accidentes como raíz de los cambios que observamos, sin embargo sin cambiar las esencias de las cosas.

Señalé en mayúsculas esas dos palabras para hacer notar su diferencia, bastante fácil de notar en nuestro idioma EXISTE-ncia y ES-encia, palabras diferentes, verbos diferentes, conceptos diferentes.

De Aristóteles también viene la lógica empleada comúnmente por las personas y también la que se enseña (al menos a mí me enseñaron esa en el bachillerato. Una lógica basada en el “ser” (para formar proposiciones se transforman los enunciados a la forma sujeto - copula, en otras palabras el verbo ser conjugado - predicado). Una lógica que tiene entre sus axiomas el principio de identidad, o A es igual a sí misma (cuando vemos ríos y personas cambiando y no “siendo” las mismas), el principio de no contradicción, o no es posible que A sea y a la vez no sea (la física cuántica da un gran ejemplo con la luz, que “es” onda en unos experimentos y en otros “es” partícula, en otras palabras no “es” onda). Pero incluso obviando estas cuestiones “complejas”, como mencioné al inicio del párrafo las personas operan normalmente con esta misma lógica, se puede decir que viene junto con el idioma y el uso del verbo ser.

Una vez expuesto esto puedo enumerar algunas de las ventajas que noto en evitar dicho verbo y cambiar un poco la forma de expresarse y de pensar. Primero que se pasa de una filosofía metafísica a una filosofía fenomenológica, de lo absoluto e inmutable a lo dinámico y cambiante. También se cambia a una lógica más adecuada para describir las cosas tal cual las percibimos, sin transcendentalismos extraños, sin contradicciones aparentes, sin “pajas mentales”.

Al final cada quien tiene la libertad de hacerme o no caso, de pensar que mis argumentos tienen sentido o sólo digo babosadas. Existen otras ventajas que no mencioné en esta publicación, pero terminé extendiéndome más de lo que esperaba, sin embargo hablaré de ellas si a alguien le interesa. Por mi parte seguiré con este ejercicio por tiempo indefinido.

Por lo que a la pregunta planteada en la primera publicación:

Yo respondería con otra cuestión: ¿se puede ser?

Lo que desde mi punto de vista lleva al sin sentido, a la antinomia, a la respuesta que se puede dar afirmativa o negativamente de igual manera, sin llegar a nada. Por lo tanto en ese punto concuerdo.

De acuerdo con que una filosofía del “ser” cabe y hasta resulta necesaria (2 veces al día, antes de las comidas).

De acuerdo con que un ejercicio lingüístico que suprima/agregue/desagregue un verbo y todas sus formas significa una aventura intelectual de la que sólo se puede salir enriquecido.

Considero futil el intento de unir ambas empresas. Primero porque si bien hay verdad en eso de “como hablamos, pensamos y como pensamos, vivimos”, en el ámbito filosófico se calcula una búsqueda de seguridad, esa necesidad de saber que mañana despertaré humano, otro humano sin duda (pienso en Kafka) mientras que para el ejercicio lingüístico basta con buscarse un sinónimo o, como decía, desagregar, soltar la definición, evitar ahorrar espacio neuronal y gastarse el diccionario.

Algunas ideas sueltas para discutir:
“Yo soy el que soy”; “To be or not be…”; “Cogito, ergo sum”.

Diferenciación entre “ser” y “estar”. Riqueza del español.

Ejercicio: intercambio del sujeto por el objeto directo y viceversa.

El problema es peor de lo peor, pues como siempre se dice popularmente dependemos más de nuestras preguntas que de nuestras propias respuestas que podamos desarrollar a nuestra razón (de ser).

Para comenzar se me ocurre que existencia es una capa por encima de esencia, pero esencia como tal no deja de ser siempre pese lo que pese también un fenómeno muy relativo a nuestra propia condición y sensación, por no decir incluso de nuestra existencia. Es muy relativo que un ser vivo como nosotros somos en donde estamos tan compuestos de tantos elementos se atreva a definir algo como “puro”, algo como inconfundible o sobre todo inalterable. Que sea una ilusión que se venga arrastrando desde que se concibió el homo sapiens vale, es interesante pero no deja de ser su propio problema más que de nadie o de ningún otro ser vivo no humano.

¿Que existencia sobre esencia pura existe? Ninguna, desde el oro hasta el diamante son compuestos de muchas esencias que describen, desde la idea de un ser superior al razonamiento de “pienso luego existo” es igualmente relativo, la idea de por si es incomestible, su lenguaje ya ni digo, y su mensaje incluso acaba siendo relativo, decir a un ser que “come luego existes” es un insulto en toda la regla, no hace falta inteligencia ni raciocinio ni mera filosofía para alcanzar tan grado de elemental concepción.

Ahora viene lo interesante, tomar nota en un papel sobre que conceptos, ideas, o praxis partimos para ver hasta donde podemos, queremos o soportamos llegar. Pero recuerdo que para empezar estamos sujetos a la pregunta, y cuanta mejor sea la pregunta pues mejor serán las infinitas respuestas.

“La violación del hombre por la palabra, la soberbia venganza del verbo contra su padre, llena de amarga desconfianza toda meditación.” (Paráfrasis de una cita cualquiera de un tipo todo lo contrario).