De sombras vamos, de sombras venimos

En la práctica de leer fuentes RSS me encontré con algún que otro artículo interesante, debates que son de nunca acabar porque nos lleva a encender solo un poco nuestras propias neuronas para comprender muchas cosas.

Una de ellas es la siempre famosa herencia, polémica, comentarios y análisis con inagotable tinta de los principales filósofos griegos.

Encontré pronto un párrafo que dice mas o menos así…
“Sócrates le enseñó que la filosofía no es un certamen agonístico, sino una divagación de resultado incierto. Esa perspectiva no agradó a sus conciudadanos, que entendían el debate filosófico como un concurso entre oradores que arrojaba vencedores y vencidos. No comprendían que se pudiera discutir tan solo para tantear, explorar, esbozar, conformándose con un final infructuoso. Platón aprendió de Sócrates, “un samurái de la sabiduría, impasible, sencillo, sin afectación” (Yvon Belaval), que la filosofía es autodominio, una victoria sostenida sobre uno mismo. La sabiduría no es un saber positivo y empírico.”

Obvio es un aliciente muy muy bueno para empezar a poner las cosas por su orden, lo que muchas veces suelo llamar por desmembrar intrigas pero que lo usaré mas tarde.

Obviamente hay mucho más texto en el mismo artículo, pero no quiero adelantar mucho ni preestablecer ideas de antemano.

Aquí lo que interesa es que cada quien tire de su hilo, de su enfoque favorito y después iremos debatiendo o complementando.

Curioso porque en Homo Ludens, Huizinga expone su tesis sobre que la filosofía, cultura, política, derecho y otros aspectos más surgen del juego, que incluye ese factor agonístico pero también esa incertidumbre de resultado, lo que denomina tensión. Aunque posteriormente se trata de separar de esa esfera lúdica, por considerarla inferior y contraria a las cosas “serias”, sin embargo puedes ver que prevalece la mencionada tensión y el juego “pasa” (entre comillas porque ¿cuándo la filosofía ha excluido la polémica y la diferencia?) a interiorizarse, “victoria sobre uno mismo”, pero a fin de cuenta victoria que implica competencia

Fíjate que casualidad que en el mismo texto menciona lo siguiente en referencia a “victoria sobre uno mismo” :

Platón aprendió de Sócrates, “un samurái de la sabiduría, impasible, sencillo, sin afectación” (Yvon Belaval), que la filosofía es autodominio, una victoria sostenida sobre uno mismo.

Aunque luego intenta detallar un poco más pero nos quedamos casi en el mismo lugar, o al menos para Sócrates.

La única victoria posible es la victoria sobre uno mismo. Lo demás puede parecer victoria, puede tener ese gustito agridulce del éxito que se cae a los dos minutos por nostalgia de escalera. Porque ganar es perder - “Todo el que procure salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvará”, Lucas 17:33 -.

¿Salir de la escalera para ir a dónde? Adelante o arriba, no importa. Lo que importa es que se sale siendo otro, “el otro”, que es uno y todos.

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Queda claro que somos un ente en donde dos cosas no nos podemos separar jamas de los jamases.

Una, el verbo ser, seamos lo que seamos no importa, lo que importa es que sepamos que somos.
Y dos, no somos nada sin los demás, somos la mínima expresión de lo que la sociedad nos establece, define, marca, pondera, ubica y proyecta a tiempo, a medio tiempo y a largo plazo.

Cuantas veces me pregunté que sería, que hubiera sucedido de haber nacido en otro tiempo, en otro lugar, en otra familia, en otra circunstancia con solo medio segundo antes o después. Las miles de variables hubieran jugado de nuevo a diferentes esquemas, premisas y circunstancias bien o terriblemente diferentes. A saber lo eternamente imposible por adivinar.

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